jueves, 12 de noviembre de 2015

La estafa por correo electrónico.

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Mucho he escuchado y leído sobre las estafas y timos con los que te puedes topar en Internet, pero nunca me había tenido que enfrentar a uno de forma tan cercana como ocurrió hace apenas unos días en mi trabajo. Les cuento.

En la empresa para la que trabajo, trabaja también la asistente del director general, quien tiene más de veinte  años trabajando para él. Entre muchas cosas como llevarle la agenda, resolverle problemas cotidianos para los que el director no tiene tiempo que dedicarles o comprar los boletos para los viajes, en muchas ocasiones también se encarga de realizar algunos pagos que le encomienda el jefe.

Esta asistente, a quien para fines prácticos llamaremos Lupita, no es, ni mucho menos, un usuario experto en cuestiones tecnológicas, por lo que se le suele dar mal un cambio de computadora, de teléfono o cualquier cambio tecnológico que implique aprender algo nuevo, por lo que es muy común que me busque para ayudarla con pequeños problemas que se le presentan en su diario trabajo, así que no me pareció nada extraño recibir una llamada desde su extensión.


-Compañerito, necesito de tu ayuda- decía por teléfono la preocupada voz de Lupita, más preocupada que de costumbre, por lo que pensé que su jefe la estaría presionando con alguna tarea y algo en su computadora no le funcionaba correctamente.
-En que le puedo ayudar. Respondí apurando el último trago de mi café de la mañana.

Lo que me respondió se los cuento con el antecedente del caso para que puedan seguirme. El director de la empresa requirió los servicios de una empresa en Estados Unidos, para lo cual, necesitaba pagar unos pocos  miles de dólares para que pudieran terminar el servicio. El jefe delegó esto a Lupita, quien con la eficiencia que le caracteriza se puso en contacto con la empresa, quienes vía correo electrónico le confirmaron los datos de la cuenta bancaria en un archivo PDF,  a la que tenían que hacer el depósito.  Hasta aquí todo era normal, pues los datos eran los mismos a los que ya se habían realizado un par de depósitos de servicios anteriores.

Después  de quince minutos de recibir el correo, Lupita recibe uno nuevo de la empresa en Estados Unidos, en el que les pedía hicieran caso omiso al correo anterior y que el depósito se realizara a una nueva cuenta de un banco en Inglaterra, nada parecía estar mal, el remitente del correo era el mismo, usaban el mismo estilo de escritura y los datos venían también en un archivo PDF idéntico al anterior, por lo que Lupita y el Jefe, a quien también habían enviado el mismo correo, realizaron el pago según las instrucciones.

Pasaron unos cuantos días y la empresa que esperaba el pago se comunica con Lupita para preguntar si había algún problema, o por qué razón no habían recibido el depósito. Lupita, como imaginaran, responde que el pago estaba hecho, la empresa decía que no, Lupita les hace llegar los correos a la empresa y estos le dicen que van a revisar el caso, pero que de primeras, ellos no habían recibido ningún pago, por lo que el servicio quedaría detenido hasta aclarar el caso y que la cuenta a la que se había depositado no pertenecía a ellos.

El siguiente paso de Lupita fue correr al banco a pedir ayuda para que le regresaran el dinero, pero después de transcurrir tantos días de la transferencia, el banco no le daba muchas esperanzas, pero como sea levantaron una investigación. Todo esto pasó un día a media mañana, y hasta el siguiente día por la mañana, Lupita no me había informado nada sobre esto, hasta recibir la llamada que les narro.

-George, estoy muy preocupada, no he dormido en toda la noche, puedes venir a mi oficina para explicarte por favor.

Voy hasta su oficina y me explica todo lo que yo ya les conté, por lo que procedí a recuperar los correos y archivos para analizarlos y ver que se podía sacar en claro. Con esa información no pude recuperar direcciones IP, pero pude ver que los archivos PDF se habían creado en equipos diferentes y pude obtener el nombre de los dos equipos. Con esa información animé a Lupita para que hablara a la empresa y se las proporcionara.

Al final, el problema se solucionó, al parecer una persona de la empresa gringa fue la responsable de esta estafa, con los nombres de los equipos fue muy fácil para ellos encontrarlo.

En esta ocasión Lupita tuvo suerte, porque bien podía ser que la computadora de la empresa de Estados Unidos hubiera estado comprometida y un ciber delincuente, con más conocimientos hubiera borrado los datos necesarios para identificarlo, y el final de la historia sería muy diferente.

El caso de Lupita nos debe dejar una enseñanza, y ser muy cuidadosos con lo que hacemos en Internet, porque no sabemos con quién nos podemos encontrar.


Hasta aquí el artículo de hoy, comparte con tus amigos para que no les pase lo que le pasó a Lupita. Si quieres enterarte de nuevos artículos, regálame un Me Gusta en el botón que te dejo abajo y te llegarán las notificaciones a tu Facebook. También me puedes seguir en Twitter como @el_george__ y en @OficialDtym. Gracias por Leerme, Soy George Maldonado, hasta la próxima.






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